Juan 18
El arresto y las negaciones
El huerto del Cedrón («Yo soy»); Pedro corta la oreja de Malco; Anás y Caifás; Pedro niega tres veces; Jesús ante Pilato: «¿Qué es la verdad?».
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El original palabra por palabra, el mapa, las fichas y el diccionario.
1Cuando Jesús hubo dicho estas cosas, se salió con sus discípulos de la otra parte del arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesús y sus discípulos.
2Y también Judas, el que le entregaba, sabía aquel lugar; porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos.
3Judas pues tomando una compañía, y servidores de los principales sacerdotes y de los fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.
4Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que vendrían sobre él, salió delante, y les dijo: ¿A quién buscáis?
5Le respondieron: A Jesús Nazareno. Les dijo Jesús: Yo soy. (Y estaba también en pie con ellos Judas, el que le entregaba.)
6Y cuando les dijo, Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra.
7Les volvió, pues, a preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno.
8Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si a mí buscáis, dejad ir a éstos.
9Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me has dado, ninguno de ellos perdí.
10Entonces Simón Pedro, que tenía espada, la sacó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
11Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina: la copa que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?
12Entonces la compañía y el tribuno, y los ministros de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron,
13Y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, el cual era sumo sacerdote de aquel año.
14Y era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, que convenía que un hombre muriese por el pueblo.
15Y seguía a Jesús Simón Pedro, y otro discípulo. Y aquel discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al atrio del sumo sacerdote;
16Mas Pedro estaba en pie fuera, a la puerta. Y salió aquel discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, y metió dentro a Pedro.
17Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No soy.
18Y estaban en pie los siervos y los ministros que habían hecho un fuego de brasas; porque hacía frío, y se calentaban; y estaba también con ellos Pedro en pie, calentándose.
19Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
20Jesús le respondió: Yo abiertamente he hablado al mundo; yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los judíos, y nada hablé en oculto.
21¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ésos saben lo que yo he dicho.
22Y cuando él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
23Le respondió Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?
24Anás entonces le envió atado a Caifás sumo sacerdote.
25Estaba pues Pedro en pie calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú también de sus discípulos? Él negó, y dijo: No soy.
26Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él?
27Y negó Pedro otra vez; y enseguida el gallo cantó.
28Y llevaron a Jesús de Caifás al pretorio; y era por la mañana; y ellos no entraron en el pretorio para no ser contaminados, sino para comer la pascua.
29Entonces salió Pilato a ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
30Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te le habríamos entregado.
31Les dijo entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar a nadie:
32Para que se cumpliese la palabra de Jesús, que había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir.
33Así que, Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús, y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
34Le respondió Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
35Pilato respondió: ¿Soy yo judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí: ¿qué has hecho?
36Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; ahora, pues, mi reino no es de aquí.
37Le dijo entonces Pilato: ¿Luego eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz.
38Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ninguna causa de acusación.
39Pero vosotros tenéis costumbre, que os suelte uno en la Pascua: ¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?
40Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era salteador.